miércoles, 22 de febrero de 2012

EL BAÚL




La misma pieza oscura a la que antes Dubian  García  le temía era hoy para el su refugio, siempre se observaba su silueta a través de la ventana, era un hombre alto y delgado, de una elegancia irrompible, caminaba con su paraguas y movía su sombrero de vez en cuando para echarle un ojo a lo que tenia a su alrededor,  dice la gente que cuando Dubian fue niño se le recordaba por su alegría, pero que después de la desaparición repentina de sus padres era un adolescente sombrío y abrumado, nadie dio explicación alguna de la desaparición de sus padres, no se encontraron cuerpos,  ni siquiera hubo una persona que pidiera rescate por ellos, simplemente desaparecieron  en una tarde fría y lluviosa.


Recuerdo la mirada de Dubian la tarde en que todo estuvo claro. Fueron meses de incertidumbre. Nunca nadie había sospechado de Dubian aun con sus maneras misteriosas de recorrerlo todo, ni con su característica forma de evadir lo que le incomodaba, ni de su silencio abrumador, simplemente nadie y mucho menos las personas que lo conocieron cuando niño se atrevieron a pensar que existiera mal en él. Fue en la mañana del 12 de abril cuando todo empezó, era un miércoles,  un día frio, las calles se encontraban bastante solas y el café de la esquina acababa de abrir, yo miraba por la ventana porque me parece encantador el paisaje  solitario y gris, de repente  vi a Dubian acercase a su casa por la callejuela del rincón, parecía que estaba cojo y algo tenia en las manos, entro con mucha prisa en el edificio, escuche cada uno de sus pasos al subir por las escalones y luego el abrir y cerrar de la puerta. Salí de mi apartamento  para echar un vistazo y encontré en las escaleras    huellas de sangre, cerré la puerta sigilosamente para que nadie me escuchara y mucho menos él y seguí contemplando la calle solitaria mientras hacia conclusiones y me armaba historias de los posibles sucesos alrededor de Dubian.

Luego de limpiar el baúl con sumo cuidado no aguante más la curiosidad, la incertidumbre me agobiaba así que salí a hablarle, golpee su puerta tres veces, las recuerdo bien, él no tubo de mora en atender, una mirada dura  me recibió junto con un sonido seco; en que le puedo ayudar,
-¿esta bien?, le pregunté. Su mirada me clavo el estomago con un –si y un tirón de puerta en la nariz.

En la tarde  se sabría el trágico suceso de la chica que fue encontrada muerta en los posos de la Rivera muy cerca de allí, subiendo por la callejuela del rincón.

 La policía investigaba por aquel lugar y en todas las casas, así que Salí para echar un vistazo, temía que la casualidad diera precisamente con mi sospechoso, uno de lo agentes se acerco y me saludo, me pregunto  si había visto algo raro esta mañana  y yo simplemente negué, el agente se disponía a hacerme más preguntas para mi fastidio  pero  una señora que se encontraba en el café interrumpió  muy a tiempo, se acercó al policía  y le comento que había visto bajar por esa calle muy en la madrugada a Dubian, sentí una punzada en el estomago  porque ella acababa de arruinar mis planes y no me había dado tiempo de averiguar primero que era lo que había pasado esa mañana, además siempre he tenido un cierto aprecio por el chico y no deseaba que le pasara algo malo, aun cuando sabia que ya no había remedio. 

Me deslice suavemente por la pared,  me alejé del policía y de  la vista de la muchedumbre que en ese momento se había acumulado, intente llegar a la puerta de Dubian pero ellos ya se encontraban en el lugar, habían abierto su puerta y recogían muestras de la sangre que se hallaba derramada en las escaleras, fue entonces cuando decidí entrar a mi apartamento para recoger algunas cosas y marcharme antes que la situación  empeorara pero al abrir la puerta me encontré con una mirada penetrante, era Dubian, estaba sentado al lado de la ventana y en las manos sostenía mi baúl, -¿puedo ayudarle en algo? Le pregunté lo más natural posible para no alarmarlo, el sabia que yo lo había visto esa mañana, así que supuse que por eso estaba allí.En ese momento entro la policía lo tomo del brazo, le quitaron el baúl y decididos a llevárselo lo arrastraron hacia la salida, él permaneció callado con su mirada fija en mi como en desafió, me di cuenta  que siempre lo había sabido, siempre supo la verdadera causa de la desaparición de sus padres y antes de dar un paso más con los oficiales, se  soltó de uno de ellos y con mucha agilidad saco unas llaves del bolsillo, eran las llaves del baúl y del desván del edificio, a gritos  pidió a los oficiales que revisaran mi baúl, yo me quede estupefacto, Dubian García Díaz hacia tiempo que me había estado haciendo jaque, encontraron en el baúl las pertenencias de la chica a la que yo había ahogado esa noche sin sospechar que Dubian se encontraba cerca, solo hasta la mañana siguiente cuando lo ví bajar  de la callejuela del rincón sospeche que me había estado vigilando, así que quise averiguar que había visto esa noche antes de decidirme  a quitarlo de mí camino pero ahora me arrepentía, había sido un tonto al tenerle aprecio y no haberlo desaparecido al igual que sus padres, me arrepiento, porque en estos momentos los restos de esas personas indeseables que me fastidiaron por unos cuantos años y a los que yo les había dado fin, ahora mismo son sacados del desván, en donde nadie ingresó nunca, el olor nunca se notó debido a mis grandes cuidados y sacrificios por mantenerlos congelados y gracias a que las puertas eran  dobles y hechas con acero grueso. Nuevamente podía sentir sus ojos clavados en mí, sus miradas de desprecio, pero el sentimiento era compartido, pues aprendí a odiarlos y a tener compasión por el infante. ahora odiaba a ese infante del pasado, pero más odio siento por mis dudas, siento vergüenza por mi estupidez, como pude dejar que en mi se adentrara la idea de que esas heridas en el cuerpo del muchacho podrían haber sido por otras causas y todo era una simple casualidad, como pude caer en esa ingenuidad, pues  las heridas que tiene Dubian sólo pueden ser  a causa de los alambres de púas que  debió enterrarse al momento de esconderse para que yo no lo observara,  me había seguido durante mucho tiempo y se encontraba en el lugar perfecto para asecharme así que prefirió clavarse en su cuerpo cada espina de cada rosa  que se encontraba a su alrededor antes de perder la oportunidad de dejarme escapar o de encontrarse descubierto por mi, decidido debió saltar la cerca antes que yo llegará a la orilla y debió extenderse entre la hiedra sin importarle el dolor, sin un gemido, en su acostumbrado silencio perturbador, allí había observado la escena y había esperado largas horas para salir en un momento adecuado, ya no me quedaba duda. Todos estos años sólo vivió para vengarse y ahora lo consigue al penetrar con el más ágil movimiento un cuchillo en mi estomago, veo un espejo, pero no me veo en él, es un espejo negro, es un espejo negro, el olor a sangre invade mi cerebro mientras recuerdo lo agradable de las calles mojadas que lavan las desgracias de los hombres.

-       Despierta D, los vigilantes se acercan, tenemos que encontrar el espejo.

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