
La
misma pieza oscura a la que antes Dubian
García le temía era hoy para el
su refugio, siempre se observaba su silueta a través de la ventana, era un
hombre alto y delgado, de una elegancia irrompible, caminaba con su paraguas y
movía su sombrero de vez en cuando para echarle un ojo a lo que tenia a su
alrededor, dice la gente que cuando
Dubian fue niño se le recordaba por su alegría, pero que después de la
desaparición repentina de sus padres era un adolescente sombrío y abrumado,
nadie dio explicación alguna de la desaparición de sus padres, no se
encontraron cuerpos, ni siquiera hubo
una persona que pidiera rescate por ellos, simplemente desaparecieron en una tarde fría y lluviosa.
Recuerdo
la mirada de Dubian la tarde en que todo estuvo claro. Fueron meses de
incertidumbre. Nunca nadie había sospechado de Dubian aun con sus maneras
misteriosas de recorrerlo todo, ni con su característica forma de evadir lo que
le incomodaba, ni de su silencio abrumador, simplemente nadie y mucho menos las
personas que lo conocieron cuando niño se atrevieron a pensar que existiera mal
en él. Fue en la mañana del 12 de abril cuando todo empezó, era un
miércoles, un día frio, las calles se
encontraban bastante solas y el café de la esquina acababa de abrir, yo miraba
por la ventana porque me parece encantador el paisaje solitario y gris, de repente vi a Dubian acercase a su casa por la
callejuela del rincón, parecía que estaba cojo y algo tenia en las manos, entro
con mucha prisa en el edificio, escuche cada uno de sus pasos al subir por las escalones
y luego el abrir y cerrar de la puerta. Salí de mi apartamento para echar un vistazo y encontré en las
escaleras huellas de sangre, cerré la
puerta sigilosamente para que nadie me escuchara y mucho menos él y seguí
contemplando la calle solitaria mientras hacia conclusiones y me armaba
historias de los posibles sucesos alrededor de Dubian.
Luego
de limpiar el baúl con sumo cuidado no aguante más la curiosidad, la
incertidumbre me agobiaba así que salí a hablarle, golpee su puerta tres veces,
las recuerdo bien, él no tubo de mora en atender, una mirada dura me recibió junto con un sonido seco; en que
le puedo ayudar,
-¿esta
bien?, le pregunté. Su mirada me clavo el estomago con un –si y un tirón de
puerta en la nariz.
En
la tarde se sabría el trágico suceso de
la chica que fue encontrada muerta en los posos de la Rivera muy cerca de allí,
subiendo por la callejuela del rincón.
La policía investigaba por aquel lugar y en todas
las casas, así que Salí para echar un vistazo, temía que la casualidad diera
precisamente con mi sospechoso, uno de lo agentes se acerco y me saludo, me
pregunto si había visto algo raro esta
mañana y yo simplemente negué, el agente
se disponía a hacerme más preguntas para mi fastidio pero una señora que se encontraba en el café interrumpió muy a tiempo, se acercó al policía y le comento que había visto bajar por esa
calle muy en la madrugada a Dubian, sentí una punzada en el estomago porque ella acababa de arruinar mis planes y no
me había dado tiempo de averiguar primero que era lo que había pasado esa
mañana, además siempre he tenido un cierto aprecio por el chico y no deseaba
que le pasara algo malo, aun cuando sabia que ya no había remedio.
Me deslice suavemente por la pared, me alejé del policía y de la vista de la muchedumbre que en ese momento
se había acumulado, intente llegar a la puerta de Dubian pero ellos ya se
encontraban en el lugar, habían abierto su puerta y recogían muestras de la
sangre que se hallaba derramada en las escaleras, fue entonces cuando decidí
entrar a mi apartamento para recoger algunas cosas y marcharme antes que la
situación empeorara pero al abrir la
puerta me encontré con una mirada penetrante, era Dubian, estaba sentado al
lado de la ventana y en las manos sostenía mi baúl, -¿puedo ayudarle en algo?
Le pregunté lo más natural posible para no alarmarlo, el sabia que yo lo había
visto esa mañana, así que supuse que por eso estaba allí.En ese momento entro
la policía lo tomo del brazo, le quitaron el baúl y decididos a llevárselo lo arrastraron
hacia la salida, él permaneció callado con su mirada fija en mi como en
desafió, me di cuenta que siempre lo
había sabido, siempre supo la verdadera causa de la desaparición de sus padres
y antes de dar un paso más con los oficiales, se soltó de uno de ellos y con mucha agilidad
saco unas llaves del bolsillo, eran las llaves del baúl y del desván del
edificio, a gritos pidió a los oficiales
que revisaran mi baúl, yo me quede estupefacto, Dubian García Díaz hacia tiempo
que me había estado haciendo jaque, encontraron en el baúl las pertenencias de
la chica a la que yo había ahogado esa noche sin sospechar que Dubian se
encontraba cerca, solo hasta la mañana siguiente cuando lo ví bajar de la callejuela del rincón sospeche que me
había estado vigilando, así que quise averiguar que había visto esa noche antes
de decidirme a quitarlo de mí camino
pero ahora me arrepentía, había sido un tonto al tenerle aprecio y no haberlo
desaparecido al igual que sus padres, me arrepiento, porque en estos momentos los
restos de esas personas indeseables que me fastidiaron por unos cuantos años y
a los que yo les había dado fin, ahora mismo son sacados del desván, en donde
nadie ingresó nunca, el olor nunca se notó debido a mis grandes cuidados y
sacrificios por mantenerlos congelados y gracias a que las puertas eran dobles y hechas con acero grueso. Nuevamente
podía sentir sus ojos clavados en mí, sus miradas de desprecio, pero el
sentimiento era compartido, pues aprendí a odiarlos y a tener compasión por el
infante. ahora odiaba a ese infante del pasado, pero más odio siento por mis
dudas, siento vergüenza por mi estupidez, como pude dejar que en mi se
adentrara la idea de que esas heridas en el cuerpo del muchacho podrían haber
sido por otras causas y todo era una simple casualidad, como pude caer en esa
ingenuidad, pues las heridas que tiene
Dubian sólo pueden ser a causa de los
alambres de púas que debió enterrarse al
momento de esconderse para que yo no lo observara, me había seguido durante mucho tiempo y se
encontraba en el lugar perfecto para asecharme así que prefirió clavarse en su
cuerpo cada espina de cada rosa que se
encontraba a su alrededor antes de perder la oportunidad de dejarme escapar o
de encontrarse descubierto por mi, decidido debió saltar la cerca antes que yo
llegará a la orilla y debió extenderse entre la hiedra sin importarle el dolor,
sin un gemido, en su acostumbrado silencio perturbador, allí había observado la
escena y había esperado largas horas para salir en un momento adecuado, ya no
me quedaba duda. Todos estos años sólo vivió para vengarse y ahora lo consigue
al penetrar con el más ágil movimiento un cuchillo en mi estomago, veo un
espejo, pero no me veo en él, es un espejo negro, es un espejo negro, el olor a
sangre invade mi cerebro mientras recuerdo lo agradable de las calles mojadas
que lavan las desgracias de los hombres.
-
Despierta D, los vigilantes se
acercan, tenemos que encontrar el espejo.
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