- ¡Cuantas cosas fantásticas te rodean! ¡Cuantos misterios! Se podrían gastar miles y miles de años intentando
conocer cada cosa en su máximo esplendor y sin embargo, a pesar de tanta magia somos
capaces de destruirlo todo en segundos. Sólo por no tener la comprensión de
nuestros actos.
El pequeño miró a la abuela un poco confuso, siempre era lo mismo, le ponía tanta cosa a cada
historia que ella en sí se volvía un misterio. Nunca hablaba de un mundo,
siempre hablaba de varios y a él le tocaba adivinar cómo era ese mundo tan
diferente. Casi siempre se mecía para contar sus historias y a veces se sentaba
a mascar hojas con su acostumbrada mirada perdida y ausente.
-
Vamos chico ayúdame a parar, tenemos que caminar,
siempre es bueno.
El pequeño le tiende su mano y
luego toma aire para halar, la abuela esta de pie, lo mira y le sonríe, se alejan un poco de la casa, pero al momento
ella para y le entrega una especie de pergamino
-
Léelo, déjame escuchar tu voz,
El pequeño despliega la hoja, la
mira por un instante, parecía una carta, levanta sus ojos hacia la abuela que
lo observa fijamente sin parpadear, baja su mirada un poco asustado pero
finalmente empieza a leer mientras la abuela se acomoda en una piedra.
Miércoles 18 de noviembre
2009 2: 26 a.m.
Un cadáver exquisito es un juego
de palabras, el juego es simple, se escriben palabras en diferentes papelitos,
una palabra por papel, luego se depositan en una bolsa, se revuelven y
posteriormente se va sacando uno por uno con el fin de organizarlos y hacer algo
coherente con lo que salga.
El pequeño mira a la abuela nuevamente, ¿acaso le estaba
proponiendo el juego?
-
Sigue, sigue chico, esto parece importante
Al pequeño esto no le parece importante y si pudiera soltaría
una carcajada pero su temor no le deja, pues la anciana realmente lo intimida,
si tan solo no le hubieran encomendado esta tarea, podría estar haciendo
cualquier cosa menos esto, pero según todos es su responsabilidad así que allí estaba
él al lado de su extraña responsabilidad; sin más remedio y con una mueca de
disconformidad reanuda la lectura.
10 /11/09
El día había comenzado con un sol resplandeciente, pero a
medida que llegaba la tarde, el sol se ocultaba detrás de las nubes grises y
poco confiables, como era de esperarse
tras de esas nubes llego la lluvia pero con ella algo más llegaba.
Pueden imaginarse las calles húmedas mientras las gotas caen
incesantemente, el agua corriendo por el pavimento removiendo piedras y
suciedad, mezclándose con la sangre que estaba derramada en el suelo y haciéndola
moverse en zigzag, disolviéndola mientras
con mis ojos seguía el hilo conductor que me llevaría indudablemente al inicio,
al cadáver, si, era la sangre de un cadáver y cave aclarar que este no era el cadáver
exquisito que yo buscaba, parece que la vida abarca ciertas cosas muy
literalmente.
Acababa de tomarme una coca cola y fumarme un cigarrillo,
estaba esperando que escampara para salir a abordar el bus y
de pronto allí estaba, la gente se
acumulaba en la acera para verlo y algunos se asomaban desde el puente, el Transmilenio
tenía esa estación cerrada. Lo vi, unas nauseas me invadieron, una corriente recorriendo por mi cuerpo desde mi pie hasta
los pelos, cada vello de mi brazo
paralizado. Él hombre era mayor,
de unos cincuenta años, contextura gruesa, en su pelo se asomaban unas cuantas
canas y de su frente salían varios hilos
de sangre, estaba de bruces y bocarriba, debajo de él el charco que formaba ese
liquido rojo carmesí emanando de su cuerpo, era impresionante.
No había indicios que lo hubiera arrollado un bus, así que
supuse que se había lanzado pero… ¿por qué? Fue la primera pregunta que me surgió,
al instante mil respuestas llegaron a mi cerebro; un cerebro parecido anatómicamente al que se hallaba
contra el suelo. Desaparición, pobreza, desamor, pero aún no eran convincentes,
todas posibles pero no convincentes, acaso... ¿Qué tan fatal puede ser la razón
para tomar esa decisión, para hacerlo? Simplemente no lose, no lo sabré nunca,
comencé a imaginar como había sucedido; Había estado caminando bajo la lluvia
al igual que tantas personas, había llegado al puente y se había detenido justo
un poco después de la mitad, el agua debía haber estado corriendo por su rostro
con algo de fuerza y tal vez se le escaparon algunas lagrimas camuflándose con las gotas de agua, el hombre debió
haber tocado las barandas mojadas, sintió el frio en sus manos, el escalofrió
en su corazón y sin más pensarlo se dio la vuelta y se arrojó de espaldas,
sintiendo la caída mientras miraba el cielo gris y lúgubre, ha terminado con su
vida en este mundo, quizás aplastando sus frustraciones contra el pavimento,
sus angustias ahora están saliendo de su cabeza y son de color rojo.
-
No lo entiendo, dice el pequeño mientras mira
los pies de la abuela
-
No te falta mucho tiempo para entenderlo pero quizás
te quede poco a mi lado lo que tal vez sea un alivio para ti. ¿te ha recordado
algo esto?
El pequeño levanta la mirada, extrañado por
la pregunta. – solo se me hace familiar el cielo gris.
Un buen escrito, y quiero saber que sigue...
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